feria chica

Feria Chica de Palencia, una tradición viva con raíces medievales 

La Feria Chica de Palencia es una de las celebraciones más queridas por los palentinos y un claro ejemplo de cómo la historia y la tradición pueden mantenerse vivas a lo largo de los siglos. Su origen se remonta a finales del siglo XIII, cuando la ciudad recibió un privilegio real que marcaría para siempre su identidad festiva y comercial. 

El nacimiento de la Feria Chica está ligado a un momento clave de la historia de Palencia. En el año 1296, el rey Fernando IV concedió a la ciudad un privilegio real como reconocimiento al apoyo recibido por parte de sus habitantes. Como parte de este favor, los palentinos fueron eximidos del pago del impuesto de portazgo en las ferias, lo que supuso una importante ventaja para el comercio local. 

Este privilegio no solo reforzó la actividad económica de la ciudad, sino que también consolidó una tradición que ha perdurado hasta la actualidad. En torno a la festividad de Pentecostés se estableció una segunda feria, complementaria a la gran feria de septiembre dedicada a San Antolín, lo que permitió ampliar el dinamismo comercial de Palencia durante el año. 

De mercado medieval a Feria Chica 

Durante siglos, la Feria Chica tuvo un carácter eminentemente comercial. Era la segunda gran feria de la ciudad, de menor importancia que la de septiembre, pero igualmente fundamental para la economía local. De ahí procede su nombre, que hace referencia a su tamaño relativo, aunque no a su relevancia histórica. 

El núcleo de la actividad se centraba en el intercambio de ganado y productos agrícolas, con espacios históricos como la antigua zona de la Maternidad, hoy conocida como la Plaza de los Juzgados.  

Durante estos días, comerciantes y campesinos llegaban a la ciudad para vender sus productos, aprovechando las ventajas fiscales concedidas por la Corona. Con el paso del tiempo, el carácter estrictamente económico de la feria fue evolucionando, adaptándose a los cambios sociales y económicos de cada época. 

A medida que desaparecía el comercio de ganado en el entorno urbano, la Feria Chica se transformó en una celebración de carácter más social y cultural. Sin perder su esencia tradicional, la feria fue incorporando actividades festivas, musicales y culturales que la acercaron a toda la ciudadanía. 

Hoy en día, la Feria Chica se ha consolidado como una cita imprescindible en el calendario festivo de Palencia, funcionando como antesala del verano y como una de las primeras grandes celebraciones del año en la ciudad. 

La oferta de este año 

La edición de este año mantiene ese espíritu participativo que caracteriza a la Feria Chica, con una programación pensada para todos los públicos y repartida por los principales espacios del centro de la ciudad. 

El Paseo del Salón, la Plaza Mayor y la Calle Mayor vuelven a ser los escenarios principales, acogiendo actividades que combinan tradición, música y convivencia. No faltan las actuaciones de música en directo, las propuestas de folclore tradicional y los encuentros culturales que ponen en valor la identidad palentina. 

Entre las actividades más esperadas destacan los desfiles de Gigantones y Cabezudos, que recorren las calles llenando la ciudad de ambiente festivo, así como las actuaciones de dulzaineros y grupos de danza tradicional.  

Además, la programación incorpora actividades familiares, talleres y espectáculos pensados para todos los públicos, reforzando el carácter abierto e inclusivo de la feria. Todo ello convierte la ciudad en un gran punto de encuentro durante varios días. 

Más allá del programa de actividades, la Feria Chica destaca por su capacidad para reunir a la ciudadanía en torno a un ambiente festivo y cercano. Peñas, familias y visitantes comparten espacios de encuentro en los que la música, la gastronomía y la tradición se mezclan de forma natural. 

Este carácter participativo convierte la Feria Chica en una celebración muy arraigada en la vida cotidiana de la ciudad, donde la tradición medieval convive con la modernidad de una fiesta urbana abierta a todos los públicos. 

La Feria Chica de Palencia sigue siendo una cita imprescindible que marca el inicio del buen tiempo en Palencia y que invita tanto a vecinos como a visitantes a disfrutar de su ambiente único. 

Huerta de Guadián

La Huerta de Guadián, un pulmón verde en el centro de Palencia 

En pleno corazón de la ciudad de Palencia, el parque de la Huerta de Guadián no solo es un espacio verde ideal para el paseo y el descanso, sino también un lugar clave para descubrir uno de los mayores tesoros culturales de Palencia el arte románico. Aquí se encuentra el Punto de Información del Románico, un espacio pensado para orientar y acercar al visitante a un legado histórico único en Europa. 

Palencia es conocida como la ‘tierra del románico’ por la extraordinaria concentración de templos de este estilo que se conservan en la provincia, especialmente en la zona norte. Ante esta riqueza patrimonial, surgió la necesidad de crear un espacio accesible desde la capital que sirviera como introducción y guía para quienes desean adentrarse en este arte. 

El Punto de Información del Románico de Huerta de Guadián nace precisamente con ese objetivo, ofrecer al visitante una primera toma de contacto con este estilo arquitectónico, proporcionando información práctica, rutas recomendadas, materiales divulgativos y orientación personalizada.  

Desde aquí, es posible planificar recorridos por comarcas como la Montaña Palentina o el Camino de Santiago, donde se concentran algunas de las iglesias románicas más destacadas. 

Un traslado piedra a piedra 

Uno de los grandes atractivos de este enclave es la presencia de la iglesia de San Juan Bautista, un auténtico monumento románico con una historia singular. Aunque hoy se encuentra en la Huerta de Guadián, este templo no siempre estuvo aquí. 

Originaria de la localidad de Villanueva del Río, la iglesia fue trasladada piedra a piedra a su ubicación actual en la década de 1960, debido a la construcción del embalse de Aguilar de Campoo, que amenazaba con inundar su emplazamiento original. Gracias a esta compleja operación de traslado y restauración, se logró preservar un valioso ejemplo del románico palentino. 

El templo, fechado en el siglo XI, destaca por su sobriedad y elegancia. Su estructura de nave única, rematada por un ábside semicircular, responde a las características propias del románico rural. En su interior, el visitante puede apreciar elementos arquitectónicos originales, así como la atmósfera íntima y recogida que caracteriza a este tipo de construcciones. 

El Punto de Información del Románico no es solo un lugar de paso, sino también un centro de interpretación donde se puede profundizar en las claves del románico como su contexto histórico, sus características artísticas y su simbología. A través de paneles informativos y recursos divulgativos, el visitante puede comprender mejor este estilo que marcó la identidad de buena parte del territorio palentino. 

Horarios y visita 

El Punto de Información del Románico de Huerta de Guadián suele abrir en horarios turísticos, especialmente durante fines de semana, festivos y temporadas de mayor afluencia, como primavera y verano. No obstante, se recomienda consultar previamente la información actualizada a través de los canales oficiales de turismo de Palencia. 

La visita es gratuita y constituye una excelente manera de comenzar cualquier recorrido por el patrimonio románico de la provincia. Además, su ubicación en un entorno natural como la Huerta de Guadián permite combinar cultura y ocio en un mismo espacio. 

Este equilibrio entre patrimonio y naturaleza convierte la visita en una experiencia completa, en la que el descubrimiento del románico se enriquece con el contacto directo con uno de los rincones verdes más especiales con los que cuenta la capital de Palencia. 

lechazo

¿Qué se come en Palencia? Sabores tradicionales de la gastronomía palentina 

La gastronomía de Palencia es uno de los grandes tesoros de esta provincia de Castilla y León. Basada en productos de calidad, recetas tradicionales y una fuerte influencia de la cocina castellana, destaca por platos contundentes y sabrosos. Carnes, legumbres, embutidos, verduras de la huerta y dulces tradicionales forman parte de una cultura culinaria que refleja la historia y el carácter rural de la región. 

Uno de los elementos más importantes de la cocina palentina es la huerta, especialmente la situada en las vegas de los ríos Carrión y Pisuerga. Gracias a la fertilidad de estas tierras se cultivan verduras muy apreciadas, como el pimiento, la cebolla, los espárragos, los guisantes o las lechugas. Estos productos frescos son la base de muchas recetas tradicionales y aportan sabor y calidad a la gastronomía local. 

Un ejemplo claro es la menestra palentina, considerada por muchos como una de las mejores menestras de España. Este plato combina diferentes verduras de temporada, como alcachofas, espárragos, zanahorias, guisantes o judías verdes. A menudo se acompaña con jamón, huevo duro o pequeños trozos de carne, lo que le da un sabor más intenso. La clave de esta receta está en la calidad de las verduras, muchas de ellas procedentes directamente de la huerta palentina. 

Entre esas verduras destacan especialmente el pimiento y la cebolla, dos ingredientes muy presentes en la cocina tradicional. El pimiento se utiliza tanto fresco como asado, y suele formar parte de ensaladas, guarniciones o platos de carne. La cebolla, por su parte, es una base fundamental en muchos guisos y sofritos, aportando sabor y aroma a recetas de cuchara y platos más elaborados. 

Otro de los grandes protagonistas de la gastronomía de la provincia es el lechazo asado, uno de los platos más representativos de la cocina castellana. Se trata de un cordero muy joven que se asa lentamente en horno de leña, normalmente en cazuela de barro y con muy pocos ingredientes: agua, sal y, en ocasiones, un poco de manteca. El resultado es una carne muy tierna, con piel crujiente, que suele servirse acompañada de ensalada o de verduras de temporada. 

La cocina palentina también destaca por sus platos de cuchara, especialmente los elaborados con legumbres. Las alubias guisadas o los garbanzos preparados con productos de la matanza han sido durante generaciones una parte fundamental de la alimentación en los pueblos de la provincia. Estos platos reflejan la importancia de la agricultura y de la vida rural en la historia de Palencia. 

Otro aspecto importante de la gastronomía local es la matanza del cerdo, una tradición muy arraigada en muchas localidades. De ella proceden productos como el chorizo, el salchichón o la morcilla, que se consumen tanto solos como formando parte de guisos tradicionales. 

Palencia también cuenta con una destacada tradición repostera. Entre los dulces más conocidos están los socorritos, elaborados con hojaldre y almendra y muy típicos de la capital. A ellos se suman rosquillas, pastas artesanas y otros dulces que suelen prepararse durante fiestas y celebraciones. 

En definitiva, la gastronomía palentina combina productos de la huerta, carnes de calidad y recetas tradicionales transmitidas de generación en generación. Desde las verduras frescas como el pimiento y la cebolla hasta platos emblemáticos como la menestra o el lechazo asado, la cocina de Palencia ofrece una experiencia culinaria auténtica que refleja la identidad y la riqueza cultural de la provincia.